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| PASTOR VALLE-GARAY: Ileso por un pelito… Bush esquiva pero zapatazo da en el blanco |
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| escrito por Revista Debate | |
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src="http://pagead2.googlesyndication.com/pagead/show_ads.js"> La semana pasada Bush voló a Iraq. Al filo de la noche. En secreto. Como el caco que invade el hogar mientras la familia duerme el inocente sueño del justo. Llegó sigilosamente. Sin anunciarse. Tal como cuando desató sangrientos ataques contra Iraq. Esta vez le saldría el tiro por la culata. Oficialmente departía por última vez con los nefastos socios en Bagdad. Extraoficialmente se lavaba las manos del fracaso personal. Extraoficialmente también, como los reportan de rutina los despachos policiales, el malhechor visitaba de nuevo la escena del crimen. Esta vez sería diferente. De vez en cuando las circunstancias deparan sorpresas no anticipadas ni por el mejorcito Servicio Secreto del mundo. Llámesele justicia poética. Llámesele lo que quieran pero es innegable que una artera sorpresa se merece otra. Los dos proyectiles de al-Zaidi no tocaron a la eminencia gris. Los esquivó con toda la experiencia obtenida deslindándose de responsabilidad durante los ocho años de fracasos en la presidencia. Mejor así. De haber dado en el blanco, quizás Bush sería objeto de la simpatía que jamás le dieron en Washington. Al abanicar, se produjo todo lo contrario: la barra de al-Zaida le aplaudió. Óptimos resultados entre los millones de opositores a la perversa política de Washington en el Medio Oriente. Lamentablemente, el heroísmo le costó caro al patriota. El gobierno títere iraquí imitó al titiritero. Capturaron a al-Zaida. Le trataron con alardes de saña. Duplicando las infames torturas de las mazmorras en Al Gharib, le propinaron brutal paliza. Le hirieron un brazo. Le rompieron el otro. Le quebraron varias costillas. Le cortaron un ojo. Para rematar, los genios de la inteligencia iraquí, entrenados por los genios de la inteligencia del Pentágono, le darían una soberana lección al cuerpo del delito. Atipujaron de dinamita los capturados zapatos voladores y los detonaron. Un acto tan ridículo como la inmolación del fanático y tan estúpido como el pronunciamiento de Misión Cumplida de Bush en otra ocasión. No más zapatazos y ya está. ¡Ni que fueran boomerang! Tampoco paró ahí la cosa. En simbólico gesto de solidaridad miles de manifestantes en Iraq lanzaron más zapatos contra las fuerzas de ocupación gringa mientras en otras partes del mundo las multitudes demandaban la libertad del lanzador. El zapatazo se convirtió en cause célèbre. En efecto, en la jerga del béisbol -el deporte por antonomasia en los Estados Unidos- el lanzamiento de al-Zaida fue un jonrón espectacular. Le dio la vuelta al mundo. Si bien causó graves injurias al lanzador, también sirvió para bajarle los humos al presidente. De paso elevó la moral de la población iraquí. Deleitó a los aficionados del deporte. Su buena puntería y rapidez de acción definitivamente le merecen contrato en las grandes ligas profesionales. El simbolismo no se limita al béisbol. Divierte en otros campos. En nuestro fútbol el número 10, la talla del zapato de al-Zaida, se lo reservan las súper estrellas. Dicen que les trae buena suerte. Puede ser. Indudablemente que para Ramazan Baydan, el zapatero de Estambul que reclama la confección del modelo Ducati 271, al-Zaida es un 10 indiscutible. En primer lugar porque cuando el aterrado portero no tuvo más remedio que esquivar el cuero, al-Zaida se anotó espectacular golazo. En segundo lugar por puro oportunismo comercial. Lo aprenderían de los gringos. Inmediatamente después de la anotación el histórico marcador incursó al salón de la fama. Lo confirman las demandas por reproducciones del proyectil. Re bautizándolo el zapato Bush, el emprendedor comerciante Baydan comenzó a recibir órdenes de todas partes del mundo. Para los oportunistas aún quedan pendiente la confección de playeras y de todo tipo de parafernalia adornadas con el retrato del iraquí, zapato en mano, e inscritas con la salutación “¡Adiós, Perro!” dirigida por al-Zaida en perfecto inglés al momento de anotarse el histórico gol. Todo esto le da harta razón al refrán de que “no hay mal que por bien no venga.” Vale. En medio de la desesperante recesión mundial, el zapatazo incentivó la destartalada industria zapatera en una de las naciones más perjudicadas por las desastrosas aventuras militares y económicas de Washington. En la pasarela de la infamia los Oxfords voladores se convirtieron, de la noche a la mañana, en el último grito de la moda. Antes se vendían por US $40 dolaretes. Pronto subirán de precio. Por su valor promocional. Por cuestión lógica de oferta y demanda. Irán ha ordenado 10 mil pares. Europa se apuntó con 95 mil y una compañía estadounidense pidió otros 18 mil. No está claro si la etiqueta incluye el remoquete “¡Adiós, perro!” exclamación considerada un gran insulto en el mundo árabe. Pero que se vende, se vende. Lo que está menos claro es el propósito de los comerciantes al ordenar decenas de miles de zapatos. ¿Se estarán preparando para lanzarle tremenda lluvia de proyectiles de cuero a Bush en la primera oportunidad que se les presente? ¡Quién sabe! En Europa y en otros países tradicionalmente se celebra el Año Nuevo echando por la ventana la ropa vieja y los zapatos viejos. En Washington Barrack Obama hizo lo mismo con el actual ocupante de la Casa Blanca. Sin embargo a un mes de desalojar el puesto, y con tanta antipatía nacional y universal, bien le convendría a Bush cancelar sus despedidas en el exterior y pisar con mucho cuidado en su propio suelo. No vaya a ser que se dé un encontronazo con la suela del ahora famoso zapato Bush. Hecho en Iraq o Estambul. Por las cochinas dudas. *Senior Scholar, Universidad de York |
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